Micro-relato de una paz sencilla

Caminaba acariciando con su mirada todo cuanto miraba. Sus pasos eran suavemente firmes, como si sus pies fueran conscientes de la sacralidad de la tierra. Su ritmo ni apresurado ni indolente. Caminaba con todos, entre todos, una más.

El suave sol de un tardío verano insuflaba vigor a sus huesos, calor a su piel e internamente lo agradecía.

Un alegría delicada, carente de alharacas, latía en su alma. A pesar de todo o, mejor dicho, gracias a todo, estaba en paz. “Está bien que todo sea como es”, tal era la frase que resonaba sin palabras en su corazón.

El cansancio físico y la fatiga mental, las diferentes fuentes de preocupación; familia, trabajo, amigos, eran a la vez fuente de gratificaciones y alegrías, “lugares” de encuentro con la Vida.

“Todo está bien, es bueno que todo sea como es”. Abrió la puerta de su casa. Era hora de hacer la comida.

Fuente: Regreso a Casa.

Oración del Alfarero

Toma mi barro otra vez, alfarero,

recógeme con tus manos que vengo roto
y no puedo tocar con las mías tu cuerpo.
Álzame de nuevo en tu torno, alfarero,
que traigo mi gesto sin vida;
y tengo necesidad de tu gesto.
Recréame con tus dedos,
aliéntame con tu aliento;
pon en mi carne tu fuego.
Mete tu mano en mi entraña, forma mi cuenco,
un cuenco frágil, pequeño,
donde solamente quepa un corazón bueno.
Hazme otra vez, alfarero.

Todos los santos. Y entonces vio la luz.

Y entonces vio la luz. La luz que entraba por todas las ventanas de su vida. Vio que el dolor precipitó la huída y entendió que la muerte ya no estaba. Morir sólo es morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba. Acabar de llorar y hacer preguntas; ver al Amor sin enigmas ni espejos; descansar de vivir en la ternura; tener la paz, la luz, la casa juntas y hallar, dejando los dolores lejos, la Noche-luz tras tanta noche oscura.
(JL Martín Descalzo). 

La ratonera (P. Coelho)

Con gran preocupación vio el ratón que el dueño de la hacienda había comprado una ratonera: ¡había decidido matarlo! Comenzó a alertar a todos los otros animales: – ¡Cuidado con la ratonera! ¡Cuidado con la ratonera!
La gallina, al oír los gritos, le dijo que se callara: –Mi querido ratón, sé que para ti eso es un problema, pero a mí no me puede afectar en absoluto. Así que no armes tanto escándalo.
El ratón fue a hablar con el cerdo, que, al ver su sueño interrumpido, se sintió molesto. – ¡Hay una ratonera en la casa!
–Entiendo tu preocupación, y me solidarizo contigo –respondió el cerdo–. Por lo tanto, te prometo que te tendré presente en mis oraciones esta noche; más no puedo hacer por ti.
Más solitario que nunca, el ratón fue a pedir ayuda a la vaca. –Mi querido ratón, ¿qué tengo yo que ver con eso? ¿Has visto alguna vez que una vaca haya muerto en una ratonera?
Al ver que no conseguía la solidaridad de nadie, el ratón volvió a su casa de la hacienda, se escondió en su agujero y se pasó la noche entera en vela, con miedo de que le sucediese una tragedia. Durante la madrugada se oyó un barullo: ¡la ratonera acababa de atrapar algo!
La mujer del hacendado bajó a ver si había muerto el ratón. Como estaba oscuro, no vio que lo que había caído en la trampa era una serpiente venenosa. Cuando se acercó, la serpiente la mordió. El hacendado, al oír los gritos de la mujer, se levantó y la llevó inmediatamente al hospital. Allí recibió tratamiento y después volvió a casa. Sin embargo, seguía con fiebre. Como sabía que no hay mejor remedio para el enfermo que un buen caldo, el hacendado mató a la gallina.
La mujer empezó a recuperarse, y como los dos eran muy queridos en la región, los vecinos acudieron a visitarlos. Ante tal demostración de cariño, el hacendado, agradecido, mató al cerdo para poder ofrecer una comida a sus amigos.
Finalmente, la mujer terminó de recuperarse, pero los costes del tratamiento habían sido muy altos. El hacendado tuvo que llevar su vaca al matadero para pagar, con el dinero recaudado con la venta de la carne, todos los gastos.
El ratón, testigo de todo, no dejaba de pensar: «Y bien que se lo advertí. ¿No habría sido mejor si la gallina, el cerdo y la vaca hubiesen comprendido que el problema de uno de nosotros nos pone a todos en peligro?»

Visto en: http://reflejosdeluz11.blogspot.com/2012/10/la-ratonera-p-coelho.html

1.Escoge la montaña que deseas subir 

2.Averigua cómo llegar frente a ella
 
3.Aprende de quien ya caminó por allí
 
4.Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar
 
5.El paisaje cambia, así que aprovéchalo
 
6.Respeta tu cuerpo
 
7.Respeta tu alma
 
8.Prepárate para caminar un kilómetro más
 
9.Alégrate cuando llegues a la cumbre
 
10.Haz una promesa
 
11.Cuenta tu historia
 

Humanizar

Humaniza sin piedad
cada ciudad.
Humaniza sin parar
donde no hay paz.
Humaniza con “te quieros”,
Dar una rosa de vida:
eso es humanizar.

Humaniza para crecer
y no parar.
Humaniza y tu vida no coge
olor a humedad.
Humaniza los dolores
con caricias, colores
de un momento: una sonrisa.
Eso es humanizar.

Una vuelta de tuerca,
un abrazo que dar,
una cara mojada,
una entrega total
otra gota de sangre,
estar hasta el final
sin pasarme de rosca:
eso es humanizar,

Un ratito de escucha,
la sonrisa pa estar,
una mano extendida,
vuelvo a verte sin más;
mantener la esperanza,
no rendirse jamás,
poner toda la carne
y en silencio esperar.

Humaniza y ya verás
todo cambiar.
Humaniza y a esperar
sin anestesia ni “na”.
Ten confianza en los encuentros
pinta rayos, pinta cielos,
un trocito de tu vida:
eso es humanizar.

Lo que des, sea con calma;
lo que quites con paz;
lo que llores, bien cerca;
lo que olvides, sin más;
corregir con cariño
y hasta el fin perdonar.
Expresar lo que siento
y saber respetar.

La mirada es aliento
cuando no puedas más;
lo que vale la pena:
saber acompañar.
Cariño sin medida
y ánimo hasta el final…
Ver todo aquello que hago
cuando no humanizar…

Dejar solo a quien lucha
sin dejar de acompañar…
caricias sin reparos,
dulce complicidad,
jugar con mano izquierda,
persuadir sin mostrar
que tienes muchas ganas
de algún cambio notar.

Medios  en la pobreza,
gente en la soledad,
vivir lo que uno sabe,
saber tiempo gastar,
caminar a tu lado
y nunca ser tu rival,
ni tu profe o tu aliado,
siempre en son de amistad.

Vivir aquí y ahora
transmitir realidad,
calidez en el trato
y Horizonte al mirar;
reírse de uno mismo,
cantar en funeral,
valorar bien mi historia,
dan gracias y tocar.

Silbar cuando nos cueste
las noticias que dan,
cantar cuando el ambiente
no sabe qué cantar,
desmontar con cariño,
acoger, confrontar,
y en silencio y si toca
a tu lado llorar.

Compartir lo que tengo,
informar, gestionar,
comprender que este ambiente
te suele bloquear,
sentir sin decir: lo siento,
disculparme y mirar,
descubrir que te importa,
no temer nunca hablar.

Aflojar las tensiones
y saber disfrutar,
respirar pa que el otro
aprenda a respirar…
Respirar los momentos,
disfrutar las personas,
derrochar los alimentos
y animas las hormonas.

Y calamar los dolores
y traer bien abajo
el sonido de tonos
que me llega de lo Alto…
Lo que des, sea con calma;
lo que quites, con paz;
lo que llores, bien cerca;
lo que olvides, sin más.

Decir fácil: te quiero,
confianza y afán,
compartir casa y mesa
y a lo tonto triunfar…

Seguir con dos guevarios!!!
sin llegar a olvidar
que otros ya por nosotros
vienen pa humanizar…