Carlos Diaz: humanismo cristiano.

.org: ¿De dónde surge el Instituto Emmanuel Mounier, de qué realidad y qué necesidad la impulsa?

Carlos Díaz: Emmanuel Mounier nació en 1905 y murió en el 1950. Fue director de la revista católica más importante de todos los tiempos, “Sprit” (Espíritu), que incluso continúa ahora, aunque muy vinculada al partido socialista francés, por lo que ha perdido parte del espíritu primero. Nosotros nos dimos cuenta de que lo que pretendía Mounier era la quinta esencial del cristianismo, viviéndolo desde dentro pero también absolutamente desde fuera, en diálogo con otras religiones. También hacia una reflexión sería y autocrítica de la Iglesia y desde la opción preferencial por los pobres. El personalismo mira desde la cátedra del amor que funda la religión de Cristo y se convierte en instrumento de diálogo mutuo y desde los pobres.

Fue en la carrera de filosofía cuando me topé con la figura de Mounier y desde lo esencial me reconocí discípulo de lo que proponía, naturalmente desde el cristianismo. No es para nosotros un gurú, sino un cristiana que vivió en todos los niveles de la identidad cristiana y que nos sigue pareciendo, por su sencillez y radicalidad (de ir a la raiz), evangélico. Él señaló las condiciones básicas que rigen la identidad cristiana. Eso es lo que tomamos. No creo que tengamos que repetir sus mismas palabras ni nada de eso.

La necesidad que impulsa fundar el Instituto es la misma que impulsa a Jesús de Nazaret: salvar al ser humano, respetando su absoluta libertad, salvarlo en comunidad y para la fraternidad. Cuando digo salvarlo no lo digo en un sentido paternalista, sino ayudar a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad. Y para eso hay que tener un bagage cultural. No digo tener más cultura, sino que cuanto mejor cultura tengamos más fácil es el diálogo entre realidad, incluso adversas a uno mismo. Los cristianos hemos de estar siempre en la frontera para favorecer ese diálogo. Por eso, en estos veinte años que llevamos funcionando, venimos trabajando en la difusión de la cultura personalista y comunitaria, editando todo tipos de libros al respecto y la revista Acontecimiento, de la cuál soy en estos momentos director.

Aparte participamos en cursos en diversos centros, como hospitales, pero no con fin proselitista para nosotros mismos, sino que todo lo que sacamos de esta labor es para financiar la tarea y ponerla a los pies de los pobres, y lo que un pobre no pueda entender debemos expresarlo por divulgación. Para esta divulgación de la realidad dolorosa, hay que investigar primero y ponerlo a conocimiento de todos. A eso nos dedicamos, ahora también en Argentina, en Méjico y en Paraguay. Tampoco somos profesionales, ni estamos a otro servicio que no sea el de la Palabra de Dios, no de las iglesias, ni de los parrocos, ni nada de eso. Lo que creemos que es bueno, lo queremos decir en una parroquia o en la calle. Somos laicos asociados en esta labor, pero no un movimiento bajo ninguna cédula. Vivimos en la Iglesia, estamos para la Iglesia, pero no somos de ella. Porque lo que es esencial en la Iglesia nos obliga a todos, desde el Papa a cualquier laico.

Dice Jesús: “Bienaventurados los pobres…”; pero también dice: “¡Ay de vosotros…!”. No todos son bienaventurados. Y están en su derecho de no serlo, ¡ojo! Todos elegimos. Hay quien no acepta ser salvado, porque se salva a sí mismo. A ese, ¿por qué lo va a salvar Dios contra su voluntad? Como no tenemos formación teológica apenas, no entendemos eso de la libertad extrema. Hasta el momento final en el que no veremos como en un espejo, sino tal cual es la Verdad, sin enigmas. Entonces Él nos interrogará, con o sin palabras, yo no lo sé. Supongo que será en el idioma de Dios, que es el amor. Y eso es todo. Si Dios nos salva contra nuestra voluntad, es que somos muñecos. Somos nosotros los que estamos decidiendo sobre la forma de descender a los infiernos o ascender a los cielos. Es tan absolutamente respetuoso Dios. Pero esto es un lenguaje. Pero estamos tan acostumbrados a tener a Dios en la boca que nos perdemos a Dios. ¡Si no tenemos ningún instante que no sea de asombro! ¿Cómo va a ser el hombre portador de eternidad salvífica si no se acepta a sí mismo más que como un pedazo de ADN? Después nos justificamos: No, pero si yo creo que Dios no nos pide tanto. Puesto que yo no hago lo que Cristo me invita, Cristo no me invita. Me hago mi bajo techo católico y que ahí me dejen. Esa es la esencia del resentimiento.

.org: ¿Cómo te ves como militante? ¿Crees que tiene sentido la militancia en el mundo de hoy?

Carlos Díaz: Yo no me acoplo al mundo de hoy, pues lo que le da sentido a mi vida no es el mundo, sino Jesús de Nazaret. Yo actúo activamente a favor de esto.
Militante era una palabra que se utilizaba mucho en la HOAC, la JOC, …, estos grupos de Acción Católica que supusieron una encarnación de la realidad obrera del momento, especialmente la realidades más pobres. Es una palabra que hoy incluso suena a militar, por eso yo no la uso. Militante para mí, es una persona de vida consagrada. Es un no vivir para uno solo, sino para transmitir ese don que se me ha regalado. Es lo que somos: “sacer-dos” (“regalo sagrado”).

.org: Me llama la atención una frase que te he oído: “No se gana la carrera del Espíritu si se ha perdido la carrera de la Carne”.

Carlos Díaz: El cielo es el amor de Dios sin límites. Ahora, estamos limitados. Pero hemos de vivir en la presencia, en la amistad, en la compañía y en el amor de todos los santos. De tal manera que en Él se recapitularan todos nuestros amores y no se perderá nada. Por eso afirmo y creo que estamos llamados a vivir la salvación en la historia, cada vez dando más gracias a Dios y alabando más a Dios, aceptándonos a nosotros mismos y a todos. Claro eso pasa por la mediación de la comunidad. Estando en el mundo, rodeado de muchas mediocridades, estar en la clave del cielo, en el compromiso social y la actitud crítica. Vivir bajo esta condición: “Sólo se posee lo que se regala”. Son utopías para acercarlas y hacerlas realidad en el nombre de la justicia y de la paz.

.org: También me gustaría que me explicaras qué es eso de la “sinergia” que has utilizado en tu exposición.

Carlos Díaz: La sinergia es la búsqueda de lo común, de no enfrentar Iglesias, de vivir en la clave de las primeras comunidades: ni de Pablo, ni de Apolo, ni de Cefas, sólo de Cristo muerto y resucitado. Es apertura. No hay Iglesia de primera, de segunda o de tercera. Eso son criterios del mundo.

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