Oda a la Iglesia

¡Cuánto te tengo que criticar, Iglesia mía,

y sin embargo, cuánto te amo!

Me has hecho sufrir más que nadie,

y, sin embargo, a ti te debo más que a ningún otro.

Carlo Caretto

Me gustaría verte destruida,

y, sin embargo, necesito tu presencia.

Me has escandalizado mucho,

y, sin embargo, solamente tú me has hecho comprender la santidad.

Nunca he visto nada en este mundo más condescendiente y más falso que tú,

y, sin embargo, nunca he tocado nada más puro, más generoso y más bello.

Incalculables veces he tenido ganas de darle

con la puerta de mi alma en las narices,

y, sin embargo, cada noche,

he rogado para que pueda morir seguro en tus brazos.

No, no puedo librarme de ti, pues soy uno contigo,

aunque no soy completamente tú.

Y además, ¿adónde iría yo?

¿A construir otra Iglesia?

Pero no podría construirla sin los mismos defectos, porque son mis defectos.

Y de nuevo, si hubiera yo de construir otra Iglesia,

sería MI Iglesia, no la Iglesia de Cristo.

No, soy bastante mayor ya. Sé comportarme.

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