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Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según
atestigua de sí mismo: Yo soy -dice- un Dios cercano, no lejano.
El
Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de
nosotros, si somos dignos de esta presencia.
Habita en nosotros como el
alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de
que estemos muertos al pecado.
Entonces habita verdaderamente en
nosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entre
ellos.
Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somos
realmente vivificados por él, como miembros vivos suyos: Pues en él
-como dice el Apóstol- vivimos, nos movemos y existimos.

San Columbano, abad

LAS NUEVE REVELACIONES
(James Ranfield)

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Estamos volviendo a descubrir que vivimos en un mundo profundamente misterioso, lleno de coincidencias repentinas y encuentros sincronizados que parecen estar predestinados.

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Cuantos más despertemos a ese misterio, crearemos un concepto del mundo completamente nuevo, redefiniendo el universo como energético y sagrado. ¿?

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Descubriremos que todo a nuestro alrededor, toda la materia está formada y se origina de una energía divina que estamos empezando a ver y comprender.

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Desde esta perspectiva podemos ver que los humanos siempre se han sentido inseguros y desconectados de esta fuente sagrada y han intentado nutrirse de energía, dominándose unos a otros, esta pugna es la causante de todos los conflictos humanos.

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La única solución es cultivar una reconección personal con lo divino, una transformación mística que nos llene de energía y amor infinitos que amplíe nuestra percepción de la belleza y nos eleve a una conciencia de nuestro Yo Superior.
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En esta Conciencia podemos liberarnos de nuestro propio hábito para controlar y descubrir una verdad específica, una misión que hemos venido a compartir para que ayude a la humanidad a evolucionar hacia este nivel nuevo de realidad. (Aquí si que no entiendo nada)

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En la consecución de esta misión, podemos descubrir una intuición interior que nos muestra hacia dónde ir y qúe hacer y si solo hacemos interpretaciones positivas, derivará en un fluir de coincidencias que abrirá las puertas para que se revele nuestra misión.

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Cuando un número suficiente de nosotros entra en este flujo evolutivo, siempre dando energía al Yo Superior de todos con quienes nos encontramos, crearemos una cultura nueva, en la que nuestro cuerpo evolucionará hacia niveles de energía y percepción aún más elevados.

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De este modo participamos del largo viaje de la evolución desde el Big-Bang hasta el propósito final de la vida: energetizar nuestros cuerpos, generación tras generación hasta que entremos en un cielo que todos podemos ver por fin.
En mi opinión, no aportan gran cosa: un poco de palabrería mística… que engorda el bolsillo del autor.

01. Persigue metas posibles de ser alcanzadas.
02. Siempre sonríe espontánea y genuinamente.
03. Comparte con los demás.
04. Ayuda a los necesitados.
05. Mantén tu espíritu joven.
06. Relaciónate con ricos y pobres, bonitos y feos.
07. Bajo presión… mantente en calma.
08. Usa tu humor para aliviar el stress.
09. Perdona a los que te incomodan.
10. Encuentra y valora algunos amigos en quienes confiar.
11. Coopera y consigue las mejores recompensas.
12. Valoriza cada momento compartido con la persona que amas.
13. Mantén en alto tu confianza y autoestima.
14. Respeta las diferencias que existen entre las personas.
15. De vez en cuando, permítete quebrar alguna regla.
16. Navega en internet sólo por placer.
17. Corre riesgos calculados.
18. Y recuerda siempre que “el dinero no es todo en la vida”.

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas:

Crece

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes:

Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas en crecer?
No, la verdad es que se tomó siete años y
seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad,
este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces
que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener
después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas
tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que
aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente
justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.
Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que -en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos-, sí está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo…

Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos
la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos…
Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento,
apuramos al chofer del taxi…
nosotros mismos hacemos las cosas apurados,
no se sabe bien por qué…

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…
¿Para qué?

Te propongo tratar de recuperar la perseverancia,
la espera, la aceptación.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes…
quizá solo estés echando raíces….

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