Pensamientos


Extracto de una entrevista a Juan José Tamayo Acosta, teólogo.

Entremos en materia: usted suele resaltar que Jesús no fue sacerdote.

Sí. Es impresionante cómo se puede haber montado una Iglesia sobre figuras sacerdotales y sagradas, sin ninguna base para entender que el cristianismo tiene un origen sacerdotal. Es una religión laica fundada por un laico, Jesús de Nazaret, que pone en marcha un movimiento de laicos. Esta es una de las primeras anomalías que se producen dentro del cristianismo: una religión que surge de un movimiento laico que se convierte en una organización dominada, controlada y basada en los clérigos y su poder.

Jesús se enfrentó a los de su tiempo.

Por eso no tendrían que sorprenderse tanto ahora algunos sectores eclesiásticos que se rasgan las vestiduras por el anticlericarismo de la sociedad: Jesús de Nazaret fue el primer anticlerical. Si a alguien critica y fustiga Jesús en su vida, su predicación y su mensaje, es a los funcionarios de Dios que se movían en torno al templo. Se habla de la crítica de la religión de Marx, Freud, los filósofos antiguos, pero no de que Jesús es un crítico furibundo de la religión. Critica los fundamentos, los lugares sagrados, las acciones sagradas cuya expresión máxima es el sacrificio y él dice «misericordia quiero, que no sacrificios». Para él no hay tiempos sagrados ni profanos cuando se trata de atender a un necesitado, y por eso cuando le critican porque no cumple el sábado dice: «el sábado está al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio del sábado». En el Nuevo Testamento de los sacerdotes dice que abusan, se aprovechan del patrimonio del pueblo, se dedican al culto y olvidan la práctica de la justicia.

¿Y no estará la salvación del cristianismo en el laico comprometido?

Fuera de los pobres no hay salvación. La de la Iglesia no se encuentra recibiendo beneficios y privilegios por parte del poder; no está en las grandes manifestaciones públicas lideradas por personalidades religiosas. Se encuentra en el mundo de la marginación, de los pobres y excluidos. Si la Iglesia se empeña en ubicarse en la esfera del poder, ahí encontrará su destrucción. Por eso la gran revolución que es necesaria hoy en las religiones, especialmente en la Iglesia católica, es el cambio de lugar social. No puede ser al lado de los grandes líderes que marcan las líneas de la política que empobrece aún más a los pobres, ni en las alianzas con el poder. Tiene que ser con los movimientos sociales que luchan contra la pobreza y las causas que la generan.

Visto en ATRIO

No se puede prohibir ni se puede negar,
el derecho a vivir, la razón de soñar,
no se puede prohibir ni el creer ni el crear,
ni la tierra excluir, ni la luna ocultar.
No se puede prohibir ni una pizca de amor,
ni se puede eludir que retoñe la flor,
ni del alma el vibrar, ni del pulso el latir,
ni la vida en su andar, no se puede prohibir.

No se puede prohibir la elección de pensar,
ni se puede impedir la tormeta en el mar,
no se puede prohibir que de un vuelo interior,
un gorrión al partir busque el impulso vital,
ni la gota de miel ni el granito de sal,
ni las ganas sin par ni el deseo sin fin de reír,
de llorar, no se pueden prohibir.

No se puede prohibir el color tornasol
de la tarde al morir en la puesta del sol,
no se puede prohibir el afán de cantar
ni el deber de decir lo que no hay que callar,
sólo el hombre incapaz de entender, de sentir,
ha logrado al final su grandeza prohibir,
y se niega el sabor
y la simple verdad de vivir el amor en total libertad.
Si tuviese el poder de poder decidir dictaría una ley:
Es prohibido prohibir.

Eladia Blázquez

Leído en Vivir contemplativamente

Los teólogos han escrito estudios profundos sobre la vida insondable de las personas divinas en el seno de la Trinidad. Jesús, por el contrario, no se ocupa de ofrecer este tipo de doctrina sobre Dios. Para él, Dios es una experiencia: se siente Hijo querido de un Padre bueno que se está introduciendo en el mundo para humanizar la vida con su Espíritu.
Para Jesús, Dios no es un Padre sin más. Él descubre en ese Padre unos rasgos que no siempre recuerdan los teólogos. En su corazón ocupan un lugar privilegiado los más pequeños e indefensos, los olvidados por la sociedad y las religiones: los que nada bueno pueden esperar ya de la vida.Este Padre no es propiedad de los buenos. «Hace salir su sol sobre buenos y malos». A todos bendice, a todos ama. Para todos busca una vida más digna y dichosa. Por eso se ocupa de manera especial por quienes viven «perdidos». A nadie olvida, a nadie abandona. Nadie camina por la vida sin su protección.

Tampoco Jesús es el Hijo de Dios sin más. Es Hijo querido de ese Padre, pero, al mismo tiempo, nuestro amigo y hermano. Es el gran regalo de Dios a la humanidad. Siguiendo sus pasos, nos atrevemos a vivir con confianza plena en Dios. Imitando su vida, aprendemos a ser compasivos como el Padre del cielo. Unidos a él, trabajamos por construir ese mundo más justo y humano que quiere Dios.

Por último, desde Jesús experimentamos que el Espíritu Santo no es algo irreal e ilusorio. Es sencillamente el amor de Dios que está en nosotros y entre nosotros alentando siempre nuestra vida, atrayéndonos siempre hacia el bien. Ese Espíritu nos está invitando a vivir como Jesús que, «ungido» por su fuerza, pasó toda su vida haciendo el bien y luchando contra el mal.

Es bueno culminar nuestras plegarias diciendo «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo» para adorar con fe el misterio de Dios. Y es bueno santiguarnos en el nombre de la Trinidad para comprometernos a vivir en el nombre del Padre, siguiendo fielmente a Jesús, su Hijo, y dejándonos guiar por su Espíritu.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

En una ocasión el Maestro propuso a sus discípulos la siguiente parábola: “Dos hombres subieron una vez al templo a orar. El primero llevaba un traje corriente, unos vaqueros y un jersey y pasada, en consecuencia, desapercibido. El segundo llevaba largas vestiduras, recibía reverencias a su paso y le reservaban siempre los primeros puestos en los banquetes.

El primero era conocido simplemente por su nombre de pila. El segundo usaba títulos cortesanos: excelentísimo, reverendísimo, su eminencia… Uno se acercaba a los pobres, compartía su vida con ellos, los consolaba en sus angustias y los socorría en sus necesidades. El segundo, aunque dirigía sociedades que se ocupaban de los pobres, los conocía únicamente de lejos, por informes o estadísticas.

El primero tenía escaso poder y una pequeña zona de influencia. No más que la de quien se desenvuelve en medios cercanos a las ONGs voluntaristas y pobres de recursos. El segundo controlaba numerosas instituciones y entre ellas poseía una emisora de radio con la que allegaba dinero y poder gracias a agentes que prodigaban el insulto, el menosprecio y la crispación.

En el frontispicio del templo podía leerse la siguiente divisa: “La religión pura e intachable a los ojos de Dios es socorrer a los huérfanos y las viudas en sus necesidades y no mancharse las manos con este mundo”. Era una cita sacada de la Carta de Santiago.

Pues bien; llegaron, como queda dicho, los dos hombres a la puerta del templo. Unos guardianes cuidaban de que no entrasen quienes públicamente sostenían actitudes contrarias a la divisa mencionada, aconsejando en su caso a quien lo hiciera que volviera por sus pasos, se acercara a los pobres y lavara sus manos del contagio de los modos de este mundo. Después podía volver al templo y presentar entonces sus ofrendas.

En el caso que relatamos ¿a cuál de los dos hombres os parece que los guardianes dejaron entrar y a cuál despidieron?”. Los discípulos contestaron: “Sin duda admitieron al primero e invitaron al segundo a convertirse y volver después de haberse purificado”.
El Maestro los miró con ternura, asombrándose a la vez de su ingenuidad. Pensó que esos seguidores suyos, gente sencilla y sin doblez, aún no eran capaces de entender que las organizaciones de este mundo, a poco que se descuiden –y siempre se descuidan-, acaban haciendo lo contrario de lo que está en sus textos fundacionales. Por eso quiso advertirles para evitar que entraran en crisis cuando lo descubrieran. Así pues, se apresuró a decirles: “Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas. No tenéis que fiaros porque llega un tiempo en que os excluirán de las sinagogas e incluso llega la hora en que el que os hará morir pensará que está haciendo un servicio a Dios”.

Los discípulos pensaron que su Maestro exageraba y que, si bien el mundo era malo y con relaciones de dominio, ellos vivirían en una comunidad santa en la que no podían pasar esas cosas. Ya había dejado él bien claro que el sábado era para el hombre y no el hombre para el sábado y les había asegurado que la verdad que de él habían aprendido les haría libres. Ya no podían caer de nuevo en la esclavitud de los ritos y las formas sino que vivirían en espíritu y verdad. El Maestro, que adivinaba sus pensamientos pero conocía a fondo de qué barro están hechos los hombres, no quiso insistir. Sólo le pareció necesario dejarles un consejo o una norma que les acompañase en todas las situaciones y especialmente en las adversas: “Velad y orad para no caer en la tentación”.

Carlos F. Barberá 

Yo estoy aprendiendo…

Yo estoy aprendiendo a aceptar a las personas, aún cuando ellas me defrauden, aún cuando se salgan del ideal que yo tengo de ellas, y aún cuando ellas me hieran con palabras ásperas o acciones irreflexivas.

Es difícil de aceptar a las personas así como ellas son, y no como yo quiero que sean. Es difícil, muy difícil, pero estoy aprendiendo, porque yo estoy aprendiendo a amar.

Yo estoy aprendiendo a escuchar. Para escuchar con los ojos, con los oídos, con el alma, y con todos los sentidos, lo que dice el corazón, lo que dicen los hombres caídos, los ojos tristes, y las manos inquietas. Para escuchar el mensaje que esconden las palabras, para descubrir la angustia guardada, la inseguridad enmascarada, y la soledad encubierta. Para penetrar en la sonrisa falsa, la felicidad simulada, y la adulación exagerada. Para descubrir el dolor de cada corazón, para descifrar el porqué de laslágrimas. Poco a poco, yo estoy aprendiendo a amar.

Yo estoy aprendiendo a perdonar, porque el amor perdona, limpia las heridas, y borra las cicatrices que la incomprensión e inseguridad grabaron en mi corazón herido. El amor alivia la herida que dejaron los pensamientos dolorosos, y no cultiva las ofensas con piedades y autocompasión. El amor perdona, da alivio, y extingue todo el dolor en el corazón.

Yo, paso a paso, estoy aprendiendo a perdonar y a amar. Yo estoy aprendiendo a descubrir el valor dentro de cada vida. Estoy aprendiendo que el afecto y la aceptación, son necesarias para soportar las experiencias duras vividas a lo largo de los años.

Yo estoy aprendiendo a ver el alma de las personas, y las posibilidades que Dios les dio. Yo estoy aprendiendo, aunque
tropezando, yo estoy aprendiendo. Estoy aprendiendo a poner de lado mis propios dolores, mis intereses, mi ambición y mi orgullo, cuando éstos impiden el bienestar y la felicidad de alguien.

¡Pero, cómo es de lento aprender! , y ¡cómo es de difícil amar!

Aún así, yo estoy aprendiendo a amar.

EL GRITO. José Antonio Pagola -21RS

En este dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él
Según la fuente cristiana más antigua, al morir, Jesús “dio un fuerte grito”. No era sólo el grito final de un moribundo. En aquel grito estaban gritando todos los crucificados de la historia. Era un grito de indignación y de protesta. Era, al mismo tiempo, un grito de esperanza.

Nunca olvidaron los primeros cristianos el grito final de Jesús, ni siquiera cuando pusieron en sus labios otras palabras conmovedoras. En el grito de este hombre, identificado con todos los humillados y torturados hasta la muerte, está la esperanza última de la vida. En el amor impotente de este crucificado está Dios mismo gritando contra las injusticias, abusos y torturas de todos los tiempos.

En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. Este Dios no es una caricatura de Ser supremo y Omnipotente, dedicado a exigir a sus criaturas sacrificios que aumenten aún más su honor y su gloria. Es un Dios que sufre con los que sufren, grita y protesta con las víctimas, y, con su amor poderoso, nos arrastra hacia la Vida.

Para creer en este Dios, no basta ser piadoso; es necesario, además, tener compasión. Para adorar el misterio de un Dios crucificado, no basta celebrar la semana santa; hemos de escuchar los gritos de los que sufren. Para amar al Crucificado, no basta besar sus pies; hemos de bajar de la cruz a los crucificados.

¿Ud. cree que se le ha hecho justicia a personajes históricos como Jesús o Sidharta?

Bueno, ellos no vinieron a que se les hiciera justicia, ellos vinieron a dar su mensaje, a esparcir su simiente. ¿Si les han hecho justicia? De alguna forma estaba previsto que el Cristo muriera en la cruz, de alguna forma el Judas era necesario porque él cargó con los pecados del mundo. Lo que sucede es que luego la injusticia que se le ha hecho es que no se ponen de ninguna manera en vigor sus preceptos, porque el cristianismo ha evolucionado de tal manera que si en este momento llegara Jesús de nuevo, serían casi seguramente los cristianos los que después de lavarse las manos, volverían a crucificarlo.
Le quiero decir que en la nueva novela mia, que seguro aparecerá en la primera semana de marzo, se llama “Las afueras de Dios”, toca bastante estos temas que estamos hablando, a través de la ancianidad, que es un problema que a mi me impresiona por lo dejado que está y por lo abandonado que está; me parece que tu eres muy joven y me lo has dicho, pero me parece que dentro de muy poco, la tercera parte de los habitantes de nuestra cultura, de nuestra área cultural, serán personas de la tercera edad; la medicina ha agregado muchos años a la vida, pero nosotros no hemos agregado mucha vida a esos años. Entonces sobre eso esta escrita la novela, con Dios como protagonista.

Extractos de una entrevista a Antonio Gala realizada en Palma de Mallorca, España, el 21 de noviembre de 1998 a propósito de su novela Las afueras de Dios.

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Martin Miemoller (1892-1984) Teólogo alemán ( falsamente atribuido a Brecht).

Es bueno saber que hay hombres de ciencia, pero es mejor que seamos hombres y mujeres de conciencia.

Es bueno saber lo que tenemos que hacer, pero es mejor hacer lo que debemos hacer.

Es bueno hacer planes y fijarse un propósito, pero es mejor llevarlos a cabo.

Es bueno desear el éxito, pero es mejor realizar las cosas necesarias para lograrlo.

Es bueno hacer promesas, pero es mejor cumplirlas.

Es bueno tener dignidad, pero es mejor no pisar la de otros.

Es bueno tenerlo todo, pero es mejor compartir con el(la) que no tiene nada.

Es bueno saberse amado y comprendido, pero es mejor amar y comprender.

Es bueno procurar no fracasar, pero es mejor ayudar al fracasado(a).

Es bueno buscar la verdad, pero es mejor hablar siempre con ella.

Es bueno tener fe, pero es mejor sembrarla en los que aun no conocen a Dios.

Pero ¡hazlo ya!… porque el tiempo pasa.

Cuántas cosas buenas nos proponemos y deseamos, per  desgraciadamente, muy pocas nos esforzamos en alcanzar.

En su opinión, ¿qué tipo de iglesia o sentimiento religioso dio a entender el carpintero de Nazareth hace 2000 años?

Yo creo que eso es una cuestión personal; a mi me da la impresión que eso que me preguntas es como el slogan de una conocida bebida, “el naranjal a los labios”. A mi me parece que cada criatura debe tener su relación propia con Dios, con el Creador; a mí me parece que no debe haber unas normas para todos, me parece que es algo tan personal como el amor; quién puede decir, “éste es buen amor, éste es mal amor”, o “se debe amar así o debe no amar de tal manera”; eso no es verdad; cada uno ama como puede, donde puede y el tiempo que puede. La teología en general es cosa de los hombres, a Dios la teología no le importa.

Extractos de una entrevista a Antonio Gala realizada en Palma de Mallorca, España, el 21 de noviembre de 1998 a propósito de su novela Las afueras de Dios.

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