Oración


A modo de oración, de M. Benedetti.

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo, correr los escombros
y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda, y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo.
Porque ésta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola. Porque yo te quiero.

Mare mía,mare mía,

gratia plena.

Ave,

ave,mare mía.

Mare mía,mare mía,

gratia plena.

Ave,

ave,mare mía.

Et benedictus,

et benedictus,

dominus tecum.

Ah,

tú me das la vida,

tú me das la vida.

Ah,

¡ay,amor,ay amor!

Et benedictus,

et benedictus,

dominus tecum.

Ah,

tú me das la vida…

No te pido que me cures:
sería ofensiva la demanda
que no puedes escuchar.
Lo que pido es que me salves,
que no me dejes para siempre
sometido a esta
muerte cotidiana.
Pido que la Nada no venza
y no vuelva yo a necesitar
encenderme de deseos,
y viva infeliz allí,
como ahora aquí
solo y alejado.
Tú sabes lo que me cuestas en remordimientos
y lo que te cuesto a ti por gracia:
que no se interrumpa la competición.
Yo, arrepintiéndome,
y tú, teniendo piedad de mí,
pues es necesidad para mí fallar
y para ti continuar perdiendo.
Así te pienso: un Dios
siempre expuesto a locuras,
a contentarse por cómo somos,
a perder siempre:
oh Luz incandescente
y piadosa.

(D.M. Turoldo, Canti ultimi)

Leído en Vivir contemplativamente.

Una imágen de Peio García.

descenso.jpg

No hay mucha diferencia…

descendimiento1.jpg

“Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeños…” 

Si el amor nos hiciera poner
hombro con hombro,
fatiga con fatiga
y lágrima con lágrima.
Si nos hiciéramos unos.
Unos con otros.
Unos junto a otros.
Por encima del oro y de la nieve,
aún más allá del oro y de la espada.
Si hiciéramos un bloque sin fisura
con los seis mil millones
de rojos corazones que nos laten…
¡qué hermosa arquitectura
se alzaría del lodo!

Angela Figuera Aymerich

Oh Dios nuestro y Dios de nuestros padres:
que nuestra oración llegue a tí.
Ya lo ves, Señor.
No somos ni audaces ni endurecidos, ni te vamos a decir
“somos inocentes, no tenemos pecados”,
sino que lo confesamos: ¡hemos pecado!
Somos de verdad culpables:
hemos sido rebeldes a tu voluntad,
hemos abusado de tu confianza,
hemos blasfemado, hemos incitado al mal,
hemos calumniado al inocente,
hemos sido orgullosos,
hemos actuado con ira y violencia,
hemos afirmado cosas falsas,
hemos dado malos consejos y ejemplos,
hemos despreciado cosas respetables,
hemos desobedecido, hemos engañado,
hemos despreciado tu palabra,
hemos sido duros de corazón,
hemos cometido injusticias,
hemos oprimido al prójimo,
nos hemos entregado a la corrupción,
hemos cometido acciones vergonzosas,
hemos seguido malos caminos,
hemos rechazado a nuestro prójimo
y, para nuestra desdicha, hemos abandonado tus mandamientos.
Tú, tan justo en todo lo que nos sucede,
has seguido actuando siempre con fidelidad y amor para con nosotros,
y nosotros te hemos olvidado, y hemos pecado
Dios y Padre nuestro, que tu perdón descienda sobre nosotros,
porque tú eres un Dios de misericordia
y ante ti nos presentamos hoy con corazón arrepentido y doliente.
¡Perdón, Señor, hemos pecado contra ti!

Maldita sea la cruz
que cargamos sin amor
como una fatal herencia.

Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.

Maldita sea la cruz
que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.

Maldita sea la cruz
que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote del lujo,
ante los ojos del miedo.

Maldita sea la cruz
que el poder hinca en el Pueblo,
en nombre de Dios quizás.

Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
- quizás en nombre de Cristo-
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.

¡Maldita sea la cruz
que no pueda ser La Cruz!

Pedro Casaldáliga

Padre, me pongo en tus manos;
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que fuere,
Te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo,
Con tal que tu voluntad
Se cumpla en mí
Y en todas tus criaturas.
No deseo nada más Padre.

Te confío mi alma;
Te la doy con todo el amor
De que soy capaz,
Porque te amo
Y necesito darme,
Ponerme en tus manos
Sin medida,
Con una infinita confianza,
Porque tú eres mi Padre.

Next Page »