Mensajes positivos


Nunca he creído que Jesús terminara de morir hace dos mil años. Nunca he aceptado que su muerte quedara circunscrita a un rincón de la Historia, clavada —como una mariposa disecada— en sólo una fecha, de un mes, de un año pasadísimo. Él, dicen los teólogos, sigue muriendo no sólo por nosotros, sino en nosotros, encargados —según las palabras paulinas— de concluir en nuestra carne lo que le falta a la pasión de Cristo.

Por eso este año, para mí, será ya siempre el año en que Cristo murió entre llamas a través de la carne de este muchacho que se llama (no quiero decir que se llamaba) Álvaro Iglesias y que el martes dio en Madrid su vida por salvar a tres desconocidos. Una nota de este periódico decía ayer que, con esa muerte, Alvaro «ha honrado a la ciudad de Madrid”. Yo creo que mucho más: ha honrado a la condición humana, ha honrado a la juventud entera.

Quiero confesar que —aun sin haberle conocido— se me han llenado de lágrimas los ojos viendo su fotografía, contemplando su pelo largo e imaginando la cazadora de cuero que se quitó antes de entrar valientemente en las llamas y la moto que dejó sobre la acera pensando que las vidas de quienes estaban en peligro valían infinitamente más que una motocicleta. He llorado porque siento vergüenza:

¡Cuántas veces habré mirado yo con desdén a muchachos como él, que atravesaban tal vez las calles estruendosamente con sus motos ruidosas y sus veinte años exultantes de vida! ¡Cuántas veces les habré juzgado vacíos y me habré sentido agredido por su vitalidad! ¿Cómo iría yo sospechar que tras sus melenas y sus ruidos había un corazón tan limpio y tan entero como para jugarse la vida por tres desconocidos? ¡Juro ante Dios que no volveré a hablar mal de los jóvenes! Una generación capaz de producir un solo acto como ése no puede estar corrompida; no está, sin duda, vacía.

Y espero que nadie se escandalice si en este Viernes Santo me atrevo a hablar de él casi con las mismas palabras con que hablo de Cristo. No sé siquiera si Álvaro tenía viva su fe. Pero quien ama tanto, ¿cómo pensar que no estaba —consciente o inconscientemente— muy cerca de Cristo?. Álvaro Iglesias celebró el martes pasado la mejor Semana Santa de España, tal vez del mundo.

Me impresiona pensar que ha habido en la muerte de este muchacho el reflejo de las tres grandes características de la muerte de Cristo: libertad, gratuidad, salvación. La libertad de quien asume un riesgo sin que nadie le obligue o le empuje a ello. La gratuidad de quien lo hace no para salvar a amigos o a conocidos, sino a perfectos y totales desconocidos. La salvación de quien recibe la muerte a la misma hora en que tres personas han huido, gracias a él, de las llamas. Si un hombre es capaz de realizar este triple milagro, es que no era cierta aquella afirmación de Nietzsche que veía en el hombre al “animal más descastado”.

En verdad que desde aquel primer Viernes Santo el mundo es mucho más caliente de lo que nos imaginábamos. No es cierto que esté sembrado sólo de violencias, de ambición de poder. También de amor. Y de amor en libertad.

Me pregunto si tantos españoles corno buscan y gritan «Libertad» se darán cuenta que es precisamente el Viernes Santo la gran fiesta de la libertad, siempre que se entienda por ella no tanto el que nadie me maniate, sino el que yo no tenga maniatado mi corazón.

La libertad es Jesús: ningún otro ser humano la practicó y vivió tan hasta el extremo. Fue, en vida, libre frente a las costumbres y prejuicios de su tiempo. Fue libre ante su familia, ante los poderosos, ante sus enemigos y ante sus amigos. Libre frente a los grupos políticos y libre en la dignidad de su trato a las mujeres. Su sermón de la montaña fue el más alto canto a la libertad interior. Vino a librar a los enfermos de sus enfermedades y a los pecadores de sus pecados. Expuso su mensaje dejando en libertad a sus oyentes. Nos enseñó a librarnos de los falsos dioses y de las falsas visiones de Dios. Era tan libre —ha escrito Duquoc—, que hasta en sus gestos y actos parecía un creador.

Pero fue libre, sobre todo, en su muerte. ¡Qué tremendo error si creemos que murió por casualidad! ¡Qué cortedad de visión si pensamos que “le mataron” sus enemigos o que cayó bajo un cruce de circunstancias históricas hostiles!

“Jamás hubo en la Tierra un acto más libre que esa muerte”, afirma Karl Adam. Y basta asomarnos a los documentos que nos hablan de él para descubrir cómo se encaminó, consciente y voluntariamente, a la muerte, con más decisión y consciencia de la que veinte siglos después, este muchacho, imitador suyo, se quitaba la cazadora y penetraba en las llamas asesinas.

Jesús penetró en la muerte “como se adentra un suicida en el mar”, ha escrito un poeta. Como un suicida que no quisiera quitarse la vida, sino darla a los demás.

Por eso su vida fue toda ella un largo Viernes Santo. Por eso el vía crucis, el camino hacia el calvario, empezó desde el día de su nacimiento. “Nadie me quita la vida —dijo un día—, sino que yo la doy por voluntad propia y soy dueño de darla y de recobrarla” (Jn 10,18). ¡Y cuánta impaciencia porque llegase “su hora”! “Con un baño tengo que ser bañado, ¡y cómo me apremia el que se cumpla!”, exclamaría otra vez (Le 12,50).

¿Es que no le gustaba la vida? ¿Es que a Álvaro no le hubiera gustado más estar haciendo hoy esquí o pesca submarina cerca de su casa de Marbella?

Afortunadamente, el hombre —todo hombre entero— es más largo y más ancho que sus deseos personales. Afortunadamente existe ese misterio que llamamos amor y que sólo terminamos de entender cuando alguien da su vida por él, aquel viernes lejano, este martes pasado.

En verdad que hoy me siento, a la vez, orgulloso y avergonzado de ser hombre: orgulloso porque redescubro que el corazón humano es más ancho que la más ancha playa; avergonzado porque los más nos pasamos la vida achicándolo para que pueda cabemos en una caja de caudales, no vayan a robárnoslo.

¡Qué maravilla, en cambio, cuando —imitando a Cristo— alguien muere voluntariamente y por los demás! Recuerdo ahora aquellos dos versos —milagrosos en su sencillez— con que Gonzalo de Berceo describía la muerte de Jesús: “Y sabiendo llegada la hora de partir, 1 inclinó la cabeza y se dejó morir.” No murió, se dejó morir, él, que era rey y dueño de la vida y la muerte.

Trato de imaginar ahora la muerte de este muchacho cuando, después de salvar a tres personas, se sintió acorralado por las llamas que prendían ya en su carne. Seguramente le dominó el terror. Pero también seguramente comprendió que su vida estaba ya más que llena, que él seguiría viviendo en los tres salvados que respiraban ya en la calle. Tal vez pensó un momento en la moto que había dejado abandonada en la acera, en la calla que habla quedado a medio beber en la barra de un bar. Tal vez descubrió que aquel espanto de las llamas era como un reclinar la cabeza. Sin duda, supo entonces que no moría solo. Supo que su amor al prójimo le había conducido hasta la misma muerte que aquel Hombre-Dios que, dos mil años antes y llevado por la misma locura de amor a los demás, “inclinó la cabeza y se dejó morir”.

La vida es corta:
- Rompe las reglas.
- Perdona rápido.
- Besa lentamente.
- Ama verdaderamente.
- Ríe incontrolablemente.
- Y nunca te arrepientas de nada que te haya echo  sonreír.

Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñaras a vivir, pero no vivirán tu vida.

Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado.

La vida puede no ser la fiesta que esperamos, pero mientras estemos aquí… deberíamos bailar

“Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más amaneceres, subiría más montañas, nadaría más ríos, tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora. Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir, comenzará a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño. Y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante. Pero, ya ven, tengo ochenta y cinco años y sé que me estoy muriendo.”

Son unas palabras que se atribuyen al escritor argentino Jorge Luis Borges. Unas palabras que nos advierten del riesgo de vivir sin disfrutar lo más pequeño, los momentos y sin disfrutar del riesgo. Tenemos un día por delante que se nos regala. Sí, que se nos regala. ¿Han ido ustedes a algún centro comercial a comprar el día de hoy? Que yo sepa no, y menos mal.
Por eso les sugiero que vivan el momento presente, siguiendo el impulso de la gracia. Los impulsos que les lleven a amar, a hacer el bien, a dar sin esperar nada a cambio, a perdonary a estrujar al máximo cada momento que el jueves les regale.
Igual no es su cumpleaños, ni su aniversario, ni su santo, ni aparentemente tienen nada que celebrar. Sin embargo, ¿les parece poco motivo celebrar la vida, que estamo vivos, que Dios nos ama, que nos quiere tal y como son, que nos acepta, que nos abraza, que nos come a besos y que nos regala este día nuevo por puro amor, sin esperar nada a cambio?
Los que somos creyentes sabemos que Dios está detrás de todo lo bueno que nos rodea. Y aquellos que no lo son, muy cortitos de luces tienen que ser, para no valorar el amanecer, los silencios, los colores, las sonrisas, la bondad, las caricias, las palabras… Podríamos estar enumerando sin parar todos los motivos para ser felices, permítanme una sugerencia, piensen en tres motivos para ser feliz hoy y disfrútenlos.

Los interrogantes más sencillos son los más profundos ¿Dónde está mi felicidad y mi paz? ¿A dónde voy? ¿Realmente que hago? ¿Qué quiero en este momento? Pues todas mis preguntas tienen un fundamento: este día, este momento es un don de Dios.

Lo que necesitamos es desplegar nuestra propia personalidad. Rezamos el Padre nuestro ¿verdad? Pues a irradiar lo que realmente somos, hijos y herederos. Hay que considerar lo bueno que uno tiene.

Y uno tiene que ser positivo consigo mismo.

No se puede dar un cambio en una existencia lastimada y derrotada. Cada día es una mejor manera de vivir, y empiezo ahora mismo a tener la mejor actitud. No hay que estar empantanado como vulgarmente se dice. Aportar lo que yo puedo. Hacer realidad eso que quizá hemos oído: trabajar como si uno fuera a vivir eternamente y vivir como si uno fuera a morirse hoy mismo. Y desde luego si cometo un error o he sido abatido por algo, no voy a quedarme pensando en ello de manera negativa. Los errores son la forma en que la vida me enseña.

Todo lo que ocurre es parte de nuestro propio crecimiento. Desde luego es un hecho que cada momento es un don de Dios. Eso de pensar en éxitos o fracasos no está bien planteado. Porque muchas veces el fracaso nos proporciona más sabiduría que el éxito. Desde luego una persona que nunca ha tenido dificultades en su trabajo, nunca ha cometido un error no es una persona que ha vivido realmente. Mark Twain cuenta la historia de un gato que un día saltó para subirse a una estufa caliente y se quemo la panza. Ese gato nunca más volvió a saltar para subirse a una estufa caliente, pero ese mismo gato nunca saltó para subirse a una estufa fría tampoco. No seamos gatos escaldados en la vida, la experiencia es muy importante, pero no la experiencia que nos cierra y limita. Somos los autores de cada uno de nuestros momentos de la vida; y nuestros fracasos, dificultades han de ser pasos hacia algo mejor. Da fuerza y sentido pensar: este día es un don de Dios.

Buda dijo: todo lo que conocemos es consecuencia de lo que hemos pensado. La mente es todo. Nos convertiremos en lo que pensamos. De hecho lo que realmente nos produce paz o angustia son nuestros propios pensamientos.

Sta. Teresa nos lo dijo de otra manera: ayuda mucho el tener altos pensamientos para que lo sean las obras”. Los pensamientos buenos dan buenos frutos y los malos pensamientos dan malos frutos. Los psicólogos indican que hay que levantar nuestro hoy sobre una base de pensamientos agradables. Recordemos, tan seguido como sea necesario, que somos hijos de Dios, y que tenemos el poder de alcanzar lo que realmente sea mejor para nuestra vida.. De hecho lo que realmente nos produce paz o angustia son nuestros propios pensamientos.

El evangelio siempre esponja el corazón. A mí me ha sido muy práctico buscar en el Evangelio todas las expresiones y frases dan confianza para vivir el momento presente; son constantes las palabras que nos dicen que Dios nos ama y nada puede arrancarnos de sus manos. Miremos las flores del campo, las aves del cielo pues no hay comparación entre nosotros y todas las demás criaturas de Dios. Este es el fundamento de nuestra valía real. “Hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. No tengáis miedo” Claro lo normal es que ahora me llame un calvo para decirme algo. Pues bien, precisamente por eso la imagen es grafiquísima. Nosotros somos la sal de la tierra y si la sal se desvirtúa ¿con qué se la salará? Nosotros somos la luz del mundo. Brille así nuestra luz para que se vean nuestras buenas obras y glorifique a nuestro Padre que está en los cielos. Por eso este día es un don de Dios.

Esa es la gran realidad de la vida: el ahora. El aquí y el ahora configura mi vida. No los sentimientos de mañana, lo fuerza de mañana, lo que haré mañana. Por eso Jesús lo decía todo en presente: levántate y anda. Si comprendéis esto y lo hacéis seréis bienaventurados. Ven y sígueme. Venid y lo veréis. Perdona de corazón a tu enemigo. Haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti. Lo que se hace siempre se hace en el presente. Robert Louis Stevenson escribió: “Cualquiera puede llevar su carga, no importa qué tan pesada sea, hasta el anochecer. Cualquiera puede hacer su trabajo, no importa que tan difícil sea, durante el día. Cualquiera puede vivir una vida dulce, paciente, amorosa y pura hasta la puesta del sol. Y esto es todo lo que la vida significa realmente”.

Leído en En Cristiano.

El Maestro tendió su mirada serena sobre el inmenso gentío, impaciente por escuchar sus palabras y, con leve gesto, indicó que la multitud podía tomar asiento. Todas las miradas estaban fijas en Él y, con tono grave y pausado, comenzó a hablar así:

  • Uds. han oído decir que Dios siempre castiga los pecados de los hombres, pero yo les digo que Dios nunca castiga, ni en éste, ni en el otro mundo.
  • Uds. han oído decir que al cielo solo van las personas buenas,
    pero yo les digo que Dios nos acoge a todos desde nuestra propia miseria.
  • Uds. han oído decir que Dios es un juez justo, severo e implacable,
    pero yo les digo que Dios es un Padre lleno de ternura y misericordia.
  • Uds. han oído decir que la salvación la gana cada uno con sus propios méritos,
    pero yo les digo que todos nos salvamos por la total gratuidad de Dios.
  • Uds. han oído decir que el infierno es un lugar de tormentos y de eterna condenación,
    pero yo les digo que el infierno, como lugar físico, no existe.
  • Uds. han oído decir que la justicia de Dios es la que condena a los pecadores,
    pero yo les digo que el castigo eterno es siempre una opción personal libre.
  • Uds. han oído decir que Dios rechaza y se aparta del pecador,
    pero yo les digo que somos nosotros quienes nos apartamos de Dios.
  • Uds. han oído decir que el que cumple con todos los mandamientos se salva,
    pero yo les digo que Dios mira el corazón, no las leyes.
  • Uds. han oído decir que fuera de la Iglesia no hay salvación.
    pero yo les digo que la misericordia de Dios es mayor que la Iglesia.
  • Uds. han oído decir que lo más importante es el amor a Dios,
    pero yo les digo que sólo llegamos a Dios a través del amor al prójimo.

Cochabamba, agosto del 2007

Vía Redes Cristianas.

Artículo de Carlos Diaz en El Observador.

Escribió Unamuno: «No concibo a un hombre culto sin la preocupación religiosa, y espero muy poca cosa en el orden de la cultura de aquellos que viven desinteresados del problema religioso». Sin embargo, hoy vivimos en plena secularización: se ha perdido el valor socialmente reconocido a los símbolos e instituciones de la religión, crece la ocupación en tareas pragmáticas, desinteresándose del más allá, se separa la sociedad y la cultura de las instituciones eclesiásticas, se reduce la religión a mera antropología, se desacraliza la naturaleza, convertida en objeto de dominio técnico, se pasa a una tradición elástica y móvil que no consagra ningún principio, se privatiza la religión, confinada en la intimidad, se la fragmenta en un pluralismo de creencias coexistentes. Para conceptualizar este fenómeno se han propuesto otras imágenes: eclipse de Dios, muerte de lo sagrado, crepúsculo de los dioses, desmitificación y demistificación, cultura posreligiosa, etc.

En ese ambiente, ¿será posible una Iglesia donde la identidad cristiana arraigue con más fuerza y se denuncien con eficacia crítica las limitaciones de un mundo sin religión, dando forma relevante a una catequesis que facilite la comunicación del mensaje revelado? Si así se hace, la secularización habrá servido de purificación: se habrá superado el pensamiento mítico-mágico y la interpretación individualista de la salvación, Dios quedará liberado del casco de bombero de urgencia y del cientifismo. En todo caso, una cosa sería la secularidad (convivencia pacífica de creyentes e increyentes en un mundo plural) y otra inaceptable el secularismo, pretensión de expulsar a los creyentes de la ciudad secular plural.

Hay dos categorías de gentes que no me hacen gracia: las que no buscan a Dios y las que se lo han apropiado; en ambos casos, como declaraba María Zambrano, «hay la manera especial de usar la palabra Dios como si fuera un pedrusco que le tiraran a uno a la cabeza; ello viene de usar las palabras más bellas, más esperanzadoras, más respetables, como si fueran pedruscos». Desde luego, hoy hace falta ser muy mala gente para no ser revolucionario. ¿Cómo podría Dios no impulsar a la revolución de las cosas, tal y como las cosas están, empezando por el interior de cada uno de nosotros? Ni bueno es sinónimo de tonto (sinonimia que nunca oirás en labios de los buenos), ni la teología convierte a la mala gente en buena; en todo caso, para mí respirar y creer viene a ser lo mismo desde que sé que el Dios de Jesús es patrimonio de la escoria de la humanidad. Ea, pues, creyentes de todos los países, escoria de la humanidad, en el nombre de Jesús, unámonos: no sea más ya nuestro nombre miedo o tristeza. 

Artículo tomado de Diario de un cura, de Rafael Javier Pérez.

Cada vez confirmo más la necesidad de que los cristianos tenemos que hablar abiertamente de Dios. Digamos que los que hemos sido bautizados y estamos convencidos de la belleza del Evangelio es importante que lo comuniquemos a los demás. ¿Saben lo que me pasó anoche?

El que les habla se le ocurrió despedirse diciendo “Hasta mañana si Dios quiere”, y ¿saben lo que me respondieron? que si Dios quería sí, y si no también. Me llamó la atención la respuesta, así que he vuelto a hacer la prueba en otra despedida y me han contestado más o menos lo mismo. De entrada la expresión de la cara cambió.

Me llama la atención cómo de nuestro vocabulario la palabra Dios está desapareciendo, pero más me llama la atención la respuesta que en determinadas personas generan expresiones que cuentan con referencias religiosas.

¿Recuerdan el buenas noches nos dé Dios, el que Dios te bendiga, o el que Dios te guarde, o el hasta mañana si Dios quiere? Es curioso como aparte de ser cada vez menos usual en el vocabulario también, lo más curioso, es que provoca respuestas.

Si quieren que sea sincero, me alegra, porque la gente ante este tipo de expresiones no se queda indiferente. Me contaba el domingo una chica que desde que se ha puesto una cruz de madera sus amigos están continuamente haciendo referencia a “la nueva adquisición”.

Porqué no llama la atención un rosario colgado o un piercing con una cruz o un tatuaje con símbolos religiosos y sí llama la atención una sencilla cruz de madera o una simple frase que contiene la palabra Dios.

Pienso que es cuestión de que esta cruz sencilla de madera o esas expresiones que contienen la palabra Dios son manifestaciones que contienen su punto de autenticidad.

Es muy curioso como cada día estamos más necesitados de expresiones que manifiesten quiénes somos más allá de la Semana Santa o el Rocío. Prueben a levantarse todos los días santiguándose, haciéndose la señal de la cruz, símbolo del cristiano. Aunque su marido o esposa el primer día le pregunten si les pica algo.

Prueben a poner algún elemento religioso en la casa, por ejemplo la Palabra de Dios abierta en un sitio diferente, rescátenla del montón del libros que igual pueblan las estanterías. Prueben a bendecir la mesa. Prueben a despedirse con un “hasta mañana si Dios quiere”.

Igual suscitan algún tipo de respuesta en la gente que observe esos comportamientos o signos. Y es una ocasión para decirles que para ustedes es importante empezar el día en el nombre de Dios, que la Palabra de Dios es la declaración de amor por excelencia, que les resulta de justicia dar las gracias a Dios por la comida que reciben todos los días o que sin lugar a dudas siempre estamos en manos de Dios.

Un video con mensaje impresionante. Aún cuando son 14 minutos NO TIENE DESPERDICIO.

Visto originalmente y trascrito de APPLESFERA

Tengo el honor de estar hoy aquí presente en la ceremonia de graduación de una de las más prestigiosas universidades en el mundo. A decir verdad, esto es lo más cerca que estuve jamás de una graduación universitaria. Hoy deseo contarles tres relatos acerca de mi vida. Eso es todo. Nada del otro mundo. Simplemente tres relatos.
El primer relato es acerca de unir los distintos puntos.
Abandoné los estudios en Reed College después de los primeros 6 meses, pero luego permanecí como oyente por otros 18 meses aproximadamente antes de dejarlos completamente. Así que, ¿por qué abandoné?
Todo comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una joven soltera, graduada universitaria, que decidió colocarme en adopción. Creía enérgicamente que debía ser adoptado por universitarios graduados, de modo tal que todo se organizó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su esposa. Excepto que cuando emergí ellos decidieron a último momento que deseaban una niña. Así que mis padres, que estaban en una lista de espera, recibieron una llamada en el medio de la noche que decía: “Tenemos un varoncito inesperado, ¿lo quieren?” Dijeron: “Por supuesto.” Mi madre biológica averiguó más tarde que mi madre adoptiva nunca se había graduado de la universidad y que mi padre nunca había terminado el colegio secundario. Se rehusó a firmar los papeles definitivos de adopción. Solo se avino a hacerlo unos meses después, cuando mis padres le prometieron que algún día yo iría a la universidad.
Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero ingenuamente elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora se estaban destinando a mis aranceles universitarios. Luego de seis meses, no le encontraba sentido a esto. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco de qué manera la universidad me ayudaría a resolverlo. Y aquí me encontraba desperdiciando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Así que decidí abandonar los estudios y confiar que todo se arreglaría eventualmente. Era una decisión bastante temerosa en ese momento, pero a la distancia fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado. En el momento en que abandonara la universidad podía dejar de asistir a las clases que no me interesaban, y sí participar como oyente de aquellas que parecían interesantes.
No todo fue romántico. No tenía un dormitorio, así que dormía en el piso en las habitaciones de amigos, devolvía las botellas de gaseosa para obtener los 5 centavos de depósito para comprar comida, y caminaba las 7 millas a través de la ciudad cada domingo por la noche para recibir una buena comida una vez por semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba. Y mucho con lo que tropecé más adelante como consecuencia de hacerle caso a mi curiosidad e intuición resultó no tener precio después.
Déjenme darles un ejemplo: Reed College en ese momento ofrecía quizás el mejor aprendizaje de caligrafía del país. En toda la ciudad universitaria cada cartel, cada etiqueta en cada cajón, era caligrafiado a mano de una manera bellísima. Dado que había abandonado los estudios y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar un curso de caligrafía para aprender cómo se hace eso. Aprendí acerca de los tipos de letra con trazos de pie, cómo variar la cantidad de espacio entre diferentes combinaciones de letras, todo aquello que hace que la admirable tipografía sea grandiosa. Era hermoso, histórico, artísticamente sutil de un modo que la ciencia no puede captar, y yo lo consideraba fascinante.
Nada de esto albergaba siquiera la mínima esperanza de alguna aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando la primera computadora Macintosh, todo volvió a mi mente. Y lo volcamos todo en la Mac. Era la primera computadora con bellísima tipografía. De no haber asistido a ese único curso universitario, la Mac no hubiera tenido nunca tipos de letras múltiples o fuentes espaciadas proporcionalmente. Y dado que Windows simplemente copió a Mac, es posible que ninguna computadora personal las hubiera tenido. De haber proseguido mis estudios universitarios, no hubiera asistido a ese curso de caligrafía, y las computadoras personales no tendrían la maravillosa tipografía que tienen.
Por supuesto que era imposible haber unido los diferentes puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Pero fue muy, muy claro al mirar para atrás diez años más tarde.
Nuevamente, no se pueden unir los distintos puntos mirando para adelante; se pueden unir únicamente mirando hacia atrás. Así que deben confiar que de alguna manera los puntos se unirán en el futuro. Deben confiar en algo sus agallas, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Este enfoque no me ha traicionado nunca, e hizo toda la diferencia en mi vida.

Mi segundo relato es acerca del amor y la pérdida.
Yo tuve suerte – descubrí lo que realmente quería hacer temprano en mi vida. Woz y yo comenzamos con Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro, y en 10 años Apple creció de ser una empresa compuesta por nosotros dos en un garaje a una empresa de $2 mil millones con más de 4000 empleados. Habíamos lanzado nuestra creación más refinada – Macintosh – un año antes, y yo acababa de cumplir 30. Y después me despidieron. ¿Cómo se puede ser despedido de la empresa que uno inició?
Pués, a medida que Apple crecía contratamos a alguien que yo pensaba que era sumamente talentoso para dirigir la empresa conmigo, y durante el primer año o más las cosas anduvieron bien. Pero luego nuestras visiones acerca del futuro comenzaron a diferir y eventualmente tuvimos una disputa.
Al tenerla, nuestro Directorio lo apoyó a él. Así que a los 30 estuve afuera. Y bien afuera. Aquello en lo que me había concentrado durante toda mi vida adulta había desaparecido, y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante unos pocos meses. Sentía que había decepcionado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado la batuta mientras que me la estaban pasando. Me reuní con David Packard y Bob Noyce y traté de disculparme por haber echado a perder las cosas de tal manera. Yo representaba un fracaso público muy importante, y hasta pensé en retirarme del valle.
Pero poco a poco empecé a darme cuenta que todavía amaba lo que estaba haciendo. El curso de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso para nada. Había sido rechazado, pero aún amaba lo mío. Así que decidí empezar de nuevo.
No me dí cuenta entonces, pero resultó que el hecho de haber sido despedido de Apple fue lo mejor que me pudo haber pasado. El peso del éxito fue reemplazado por la facilidad de convertirme en un principiante una vez más, con menor certidumbre acerca de todo. Me dio rienda suelta para ingresar en uno de los períodos más creativos de mi vida.
Durante los próximos cinco años, inicié una empresa llamada NeXT, otra empresa llamada Pixar y, me enamoré de una maravillosa mujer que se convertiría en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por computadora en el mundo, Toy Story, y en la actualidad es el estudio de animación más exitoso a nivel mundial. En un giro destacado de acontecimientos, Apple adquirió NeXT, volví a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT está en lo más recóndito del renacimiento actual de Apple. Y tenemos, Laurene y yo, una maravillosa familia juntos. Estoy seguro de que nada de esto hubiera pasado de no haber sido despedido de Apple. Fue un trago amargo, pero creo que el paciente lo necesitaba.
A veces la vida golpea en la cabeza con un ladrillo. No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me mantenía en curso era que amaba lo que hacía. Deben encontrar lo que realmente les apasiona. Y esto es tan cierto respecto del trabajo como lo es respecto del amor. El trabajo les llenará una parte importante de sus vidas, y la única manera de sentirse realmente satisfecho es realizar lo que consideran un gran trabajo. Y el único modo de realizar un gran trabajo es amar lo que uno hace. Si no lo han encontrado aún, sigan buscando. No se conformen. Así como sucede con todos los asuntos del corazón, sabrán cuando lo hayan encontrado. Y, así como sucede en cualquier gran relación, mejora más y más a medida que transcurren los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se conformen.

Mi tercer relato es acerca de la muerte.
Cuando tenía 17, leí una cita que decía más o menos lo siguiente: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día seguramente tendrás razón.” Me impresionó, y desde entonces, por los últimos 33 años, he mirado en el espejo cada mañana y me he preguntado: “¿Si hoy fuese el último día de mi vida, querría hacer lo que estoy por hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” durante demasiados días seguidos, sé que debo cambiar algo.
El recordar que estaré muerto pronto es la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones en la vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo temor a la vergüenza o al fracaso – todas estas cosas simplemente desaparecen al enfrentar la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que hay algo por perder. Ya se está indefenso. No hay razón alguna para no seguir los consejos del corazón.
Me diagnosticaron un cáncer hace un año aproximadamente. Me practicaron una tomografía computada a las 7:30 de la mañana, y claramente mostraba un tumor en mi páncreas. Yo ni sabía lo que era el páncreas. Los médicos me dijeron que éste era seguramente un tipo de cáncer incurable, y que no llegaría a vivir más de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó ir a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararse para morir.
Quiere decir que hay que tratar de explicarles a los hijos todo aquello que pensaba que iba a tener diez años para contarles, en pocos meses. Significa asegurarse de tener todo puntualmente arreglado de modo que sea lo más fácil posible para la familia. Significa empezar a decir adiós.
Pasé el día entero con ese diagnóstico. Luego por la tarde me realizaron una biopsia, en la que introdujeron un endoscopio por la garganta, a través del estómago y hasta los intestinos, pusieron una aguja en mi páncreas y retiraron algunas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células bajo el microscopio los médicos comenzaron a gritar porque resultó que era una forma muy rara de cáncer pancréatico que se cura mediante cirugía. Me realizaron la cirugía y estoy bien ahora.
Fue lo más cerca que me encontré de la muerte, y espero que sea lo más cerca que me encuentre por varias décadas. Habiendo pasado esto, les puedo decir lo siguiente con un poco más de seguridad que cuando la muerte era un concepto útil pero puramente intelectual: Nadie quiere morir. Aún la gente que quiere ir al cielo no quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha logrado escapar. Y así es como debiera ser, porque la muerte es muy probablemente la única mejor invención de la vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira del camino lo viejo para dar paso a lo nuevo. En este momento lo nuevo son ustedes, pero algún día no demasiado lejano, gradualmente se convertirán en lo viejo y se los sacará del camino. Lamento ser tan dramático, pero es realmente cierto.
Su tiempo es limitado, así que no lo malgasten viviendo la vida de otro. No se dejen atrapar por el dogma – que implica vivir con los resultados de las creencias de otros. No permitan que el ruido de otras opiniones ahogue vuestra voz interior. Y lo que es más importante, tengan el coraje de seguir a sus corazones e intución. De algún modo ellos ya saben lo que ustedes realmente quieren llegar a ser.Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, existía una publicación maravillosa llamada The Whole Earth Catalog, que era una de las biblias de mi generación. La había creado un sujeto llamado Steward Brand no demasiado lejos de aquí en Menlo Park, y le transmitió su toque poético. Esto sucedía en los últimos años de la década de 1960, con anterioridad a la publicación mediante computadoras personales y de escritorio, así que todo se llevaba a cabo con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras polaroid. Era una clase de Google en edición rústica, 35 años antes de la aparición de Google: era idealista, y desbordante de herramientas prolijas e ideas importantes. Stewart y su equipo publicaron varias ediciones de The Whole Earth Catalog, y luego cuando había cumplido su ciclo, publicaron una edición final.
Esto sucedía a mediados de la década de 1970, y yo tenía la edad de ustedes. En la tapa de la edición final había una fotografía de un camino rural a primeras horas de la mañana, del tipo de ruta que ustedes caminarían si fueran tan aventureros. Debajo de la foto aparecían las siguientes palabras: “Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito”. Era su mensaje de despedida al anunciar el fin de la publicación.
Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, que ustedes se gradúan para empezar de cero, deseo eso para ustedes
.
Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito.

Hubo un momento en el que la noche parecía eterna y hoy todo eso parece tan lejano.

Hubo un momento en el que nada de lo que hacías resultaba, cuando de pronto apareció la respuesta.

Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor y de repente tu corazón, con más intensidad que nunca, lo encontró de nuevo.

Hubo un momento en el que por el desierto se esparcían tus palabras y hoy dan retoño sus semillas.

Hubo un momento en el que creíste que era lo peor que te podía pasar y hoy agradeces tu destino.

Hubo un momento en el que jurabas que no podrías pasar esa prueba y hoy es tan sólo un paso más.

Hubo un momento en el que creíste que no podías hacer algo y hoy te sorprendes de lo bien que lo haces.

Hubo un momento en el que los monstruos y los ogros intimidaban tu vida y hoy sonríes al ver cómo tus miedos engrandecían sus sombras.

Nunca olvides que la vida, renovada por la gracia de nuestro Creador, es más grande que tus miedos, y que tu fuerza en el Señor es mayor que tus dudas.

Aunque tu mente esté confundida, tu corazón siempre sabrá la respuesta, y con el tiempo, lo que hoy es difícil… ¡mañana será un tesoro!

“Dios ha dicho hoy lo que es bueno para tí: buscar la justicia, amar con ternura, y caminar humildemente de la mano del Señor

Miqueas.

Next Page »