Espiritualidad


Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según
atestigua de sí mismo: Yo soy -dice- un Dios cercano, no lejano.
El
Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de
nosotros, si somos dignos de esta presencia.
Habita en nosotros como el
alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de
que estemos muertos al pecado.
Entonces habita verdaderamente en
nosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entre
ellos.
Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somos
realmente vivificados por él, como miembros vivos suyos: Pues en él
-como dice el Apóstol- vivimos, nos movemos y existimos.

San Columbano, abad

Mare mía,mare mía,

gratia plena.

Ave,

ave,mare mía.

Mare mía,mare mía,

gratia plena.

Ave,

ave,mare mía.

Et benedictus,

et benedictus,

dominus tecum.

Ah,

tú me das la vida,

tú me das la vida.

Ah,

¡ay,amor,ay amor!

Et benedictus,

et benedictus,

dominus tecum.

Ah,

tú me das la vida…

Extracto de una entrevista a Juan José Tamayo Acosta, teólogo.

Entremos en materia: usted suele resaltar que Jesús no fue sacerdote.

Sí. Es impresionante cómo se puede haber montado una Iglesia sobre figuras sacerdotales y sagradas, sin ninguna base para entender que el cristianismo tiene un origen sacerdotal. Es una religión laica fundada por un laico, Jesús de Nazaret, que pone en marcha un movimiento de laicos. Esta es una de las primeras anomalías que se producen dentro del cristianismo: una religión que surge de un movimiento laico que se convierte en una organización dominada, controlada y basada en los clérigos y su poder.

Jesús se enfrentó a los de su tiempo.

Por eso no tendrían que sorprenderse tanto ahora algunos sectores eclesiásticos que se rasgan las vestiduras por el anticlericarismo de la sociedad: Jesús de Nazaret fue el primer anticlerical. Si a alguien critica y fustiga Jesús en su vida, su predicación y su mensaje, es a los funcionarios de Dios que se movían en torno al templo. Se habla de la crítica de la religión de Marx, Freud, los filósofos antiguos, pero no de que Jesús es un crítico furibundo de la religión. Critica los fundamentos, los lugares sagrados, las acciones sagradas cuya expresión máxima es el sacrificio y él dice «misericordia quiero, que no sacrificios». Para él no hay tiempos sagrados ni profanos cuando se trata de atender a un necesitado, y por eso cuando le critican porque no cumple el sábado dice: «el sábado está al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio del sábado». En el Nuevo Testamento de los sacerdotes dice que abusan, se aprovechan del patrimonio del pueblo, se dedican al culto y olvidan la práctica de la justicia.

¿Y no estará la salvación del cristianismo en el laico comprometido?

Fuera de los pobres no hay salvación. La de la Iglesia no se encuentra recibiendo beneficios y privilegios por parte del poder; no está en las grandes manifestaciones públicas lideradas por personalidades religiosas. Se encuentra en el mundo de la marginación, de los pobres y excluidos. Si la Iglesia se empeña en ubicarse en la esfera del poder, ahí encontrará su destrucción. Por eso la gran revolución que es necesaria hoy en las religiones, especialmente en la Iglesia católica, es el cambio de lugar social. No puede ser al lado de los grandes líderes que marcan las líneas de la política que empobrece aún más a los pobres, ni en las alianzas con el poder. Tiene que ser con los movimientos sociales que luchan contra la pobreza y las causas que la generan.

Visto en ATRIO