Buenas noticias


Artículo de Carlos Diaz en El Observador.

Escribió Unamuno: «No concibo a un hombre culto sin la preocupación religiosa, y espero muy poca cosa en el orden de la cultura de aquellos que viven desinteresados del problema religioso». Sin embargo, hoy vivimos en plena secularización: se ha perdido el valor socialmente reconocido a los símbolos e instituciones de la religión, crece la ocupación en tareas pragmáticas, desinteresándose del más allá, se separa la sociedad y la cultura de las instituciones eclesiásticas, se reduce la religión a mera antropología, se desacraliza la naturaleza, convertida en objeto de dominio técnico, se pasa a una tradición elástica y móvil que no consagra ningún principio, se privatiza la religión, confinada en la intimidad, se la fragmenta en un pluralismo de creencias coexistentes. Para conceptualizar este fenómeno se han propuesto otras imágenes: eclipse de Dios, muerte de lo sagrado, crepúsculo de los dioses, desmitificación y demistificación, cultura posreligiosa, etc.

En ese ambiente, ¿será posible una Iglesia donde la identidad cristiana arraigue con más fuerza y se denuncien con eficacia crítica las limitaciones de un mundo sin religión, dando forma relevante a una catequesis que facilite la comunicación del mensaje revelado? Si así se hace, la secularización habrá servido de purificación: se habrá superado el pensamiento mítico-mágico y la interpretación individualista de la salvación, Dios quedará liberado del casco de bombero de urgencia y del cientifismo. En todo caso, una cosa sería la secularidad (convivencia pacífica de creyentes e increyentes en un mundo plural) y otra inaceptable el secularismo, pretensión de expulsar a los creyentes de la ciudad secular plural.

Hay dos categorías de gentes que no me hacen gracia: las que no buscan a Dios y las que se lo han apropiado; en ambos casos, como declaraba María Zambrano, «hay la manera especial de usar la palabra Dios como si fuera un pedrusco que le tiraran a uno a la cabeza; ello viene de usar las palabras más bellas, más esperanzadoras, más respetables, como si fueran pedruscos». Desde luego, hoy hace falta ser muy mala gente para no ser revolucionario. ¿Cómo podría Dios no impulsar a la revolución de las cosas, tal y como las cosas están, empezando por el interior de cada uno de nosotros? Ni bueno es sinónimo de tonto (sinonimia que nunca oirás en labios de los buenos), ni la teología convierte a la mala gente en buena; en todo caso, para mí respirar y creer viene a ser lo mismo desde que sé que el Dios de Jesús es patrimonio de la escoria de la humanidad. Ea, pues, creyentes de todos los países, escoria de la humanidad, en el nombre de Jesús, unámonos: no sea más ya nuestro nombre miedo o tristeza. 

1- María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Éste será grande y será llamado Hijo del Altísimo.
2- Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador; que es Cristo el Señor.
3- Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús.
4- Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, lo trajeron a Jerusalem para presentarlo al Señor.
5- Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazareth.
6- Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin que lo supiesen José y su madre.
7- Y descendió con ellos, y volvió a Nazareth…
8- Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado.;
9- Volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días…
10- Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea…
11- Vino a Nazareth, donde se había criado, y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer…
12- Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre la cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.
13- Mas él pasó por en medio de ellos y se fue.
14- Descendió Jesús a Capernaúm, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo.
15- Entonces Jesús se levantó y salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón.
16- Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto.
17- Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, la gente se agolpaba sobre él…
18- En aquellos días él fue al monte a orar…
19- Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos, y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalem, y de la costa de Tiro y Sidón…
20- Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaúm.
21- Aconteció después que él iba a una ciudad que se llamaba Naín…
22- Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
23- Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos al otro lado del lago.
24- Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea.
25- Cuando volvió Jesús, lo recibió la multitud con gozo; porque todos lo esperaban.
26- Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida.
27- Y aconteció como ocho días después de estas palabras que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.
28- Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro.
29- Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalem.
30- Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Martha lo recibió en su casa.
31- Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalem.
32- Habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban.
33- Yendo Jesús a Jerusalem, pasaba entre Samaria y Galilea…
34- Tomando Jesús a los doce, les dijo: he aquí subimos a Jerusalem, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre.
35- Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino, mendigando…
36- Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad.
37- Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalem.
38- Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de Los Olivos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente…
39- Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de Los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios…
40- Y cuando llegó cerca de la ciudad, lloró sobre ella…
41- Y entrando en el templo, comenzó a echar a todos los que vendían y compraban en él…
42- Y enseñaba cada día en el templo…
43- Y de noche, saliendo, se estaba en el Monte que se llama de Los Olivos.
44- Y saliendo, se fue, como solía, al monte de Los Olivos; y sus discípulos también le siguieron…
45- Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza…
46- Y prendiéndolo, lo llevaron, y lo condujeron a casa del sumo sacerdote.
47- Cuando era de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y lo trajeron al concilio…
48- Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús a Pilato.
49- Entonces Pilato, oyendo decir Galilea, preguntó si el hombre era galileo. Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalem.
50- Entonces Herodes lo menospreció y escarneció, lo vistió de una ropa espléndida; y volvió a enviarlo a Pilato.
51- Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían (¡Crucifícalo!)
52- Y llevándolo, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.
53- Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí.
54- Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: “¿Por qué buscáis entere los muertos al que vive?”
55- Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos.
56- Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces le fueron abiertos los ojos, y lo reconocieron; mas él se desapareció de su vista.
57- Y mientras ellos hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
58- Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo.

Tomado solamente del evangelio según Lucas - Rv. 1960 - Observatum por Monja guerrillera.

El amor es paciente, es bondadoso.

El amor no es envidioso ni jactansioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.

Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá.

Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto,
lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido.

Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor.

Pero la más excelente de ellas es el amor.

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contestó: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

Mateo 18: 21-22